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¿Qué política energética para una Cuba libre ?

Por Luis Tornés Aguililla

10 de noviembre 2003

La dependencia energética es indiscutiblemente el mayor grillete que todos los países en vías de desarrollo arrastran y Cuba no escapa ni escapará a la regla cuando se produzca el cambio brusco o la evolución hacia un contexto democrático.

En Cuba, si bien a primera vista el proyecto de acceder a la independencia energética gracias al dominio del átomo podría ser considerado como una necesidad pragmática y racional, éste no deja de inscribirse en el marco político e ideológico al que la isla va sometida desde 1959 y valga decir aquí que la aspiración del actual régimen cubano no es un caso único en el mundo pues Francia*, país que vive en democracia hasta nuevo aviso, hace de sus decenas de centrales nucleares muchas veces enclavadas en las cercanías de centros urbanos importantes, la clave de su posicionamiento político internacional.

En 1998 Francia producía 77 % de su energía gracias a su industria nuclear " sin que hasta hoy se haya constatado ningún accidente grave o significativo " - reza el informe del Santo Oficio galo–.

Pero al mismo tiempo, en Suecia la población se pronunció por referendum a favor del paro total de la producción de energía nuclear a partir del año 2010, ¿ Por qué será ? , ¿ Será porque los suecos son anormales ? o será porque los suecos hacen un cálculo a largo plazo que da la prioridad a la calidad de la vida y no un cálculo geopolítico de solar en torno a la independencia energética.

¡Y qué decir de Austria !, país éste que ha abandonado definitivamente todo proyecto de producción de energía nuclear. ¿ Serán los " pro " más listos que los " anti " ?.


Una pregunta simple : ¿ Cuáles serían las consecuencias para la población de la ciudad cubana de Cienfuegos y para buena parte de su región en caso de que se produjera un accidente con la magnitud del que se produjo en la central de Chernobyl ?.

Recordemos que el accidente nuclear de Chernobyl fue equivalente a 500 bombas de Hiroshima y que su explosión expulsó una nube radioactiva sobre gran parte del continente europeo contaminando millones de kilómetros cuadrados de lagos, ríos, tierras arables, zonas de nidificación de pájaros que son cazados en cuanto llega el invierno en toda Europa del sur lo que representa un vector permanente de contaminación del ciclo normal de la naturaleza a escala continental.

Recordemos también que más de cuatro mil ( 4000) personas que trabajaron en el intento de descontaminación del perímetro inmediato a la central murieron y más de setenta mil (70000) quedaron enfermas como consecuencia del accidente y se considera que 7 millones de personas sufren hoy los efectos de la radiación. Casi nadie sabe que desde que se produjo el accidente de Chernobyl los casos de cáncer de tiroides han aumentado de manera alarmante en los territorios del este de Francia ¡ A más de 2000 km de Chernobyl !.

Entre los síntomas que sufren las personas afectadas por la catástrofe en Ucrania se encuentran la pérdida total del cabello, las manchas en la piel, el cáncer y la leucemia sin ya hablar de los trecientos mil habitantes de dos mil localidades quienes tuvieron que abandonar definitivamente sus hogares.

No obstante, es necesario no centrar el debate sobre la producción de la energía nuclear en Cuba en el marco de la polémica política sino desplazarlo primeramente al campo del riesgo potencial representado por esa central de Juraguá cuya tecnología no es muy segura, según la gente entendida en el asunto y en segundo lugar, desplazar dicho debate al campo de la implicación cívica de la población de la isla de Cuba.

Es verdad que algo hay que hacer para encontrar una solución al problema energético en nuestro país pero ahorrándonos la verborrea del padre, del hijo y del Santo Oficio porque estamos ante algo que necesita tino y cordura a manos de los científicos quienes no deben responder a caprichitos neronianos sino al consenso parido por unas urnas al fin libres y ello, después de un debate nacional limpio en el que cada cubano asuma, primeramente su responsabilidad ante las generaciones futuras.

Se ven de lo mejor todos esos científicos babosos en guayabera que por tal de asegurar privilegios no se le paran en frente a Fidel Castro para decirle lo que realmente piensan de la central de Juraguá, de su tecnología obsoleta y de los riesgos de contaminación radioactiva que ese tareco haría correr a los cubanos. No quieren decir la verdad. Y yo lo digo claramente aquí para cuando llegue el día : en ese despilfarro de dinero público para materializar la elucubración que muchos llaman " central de Juraguá ", el culpable mayor no es Fidel Castro sino el atajo de babosos que lo rodea.

Hablamos - estimado lector – de un posible suicidio sanitario más allá del castrismo y todos los otros " ismos " de tal suerte que me parece indispensable que la parte responsable de la comunidad científica cubana asuma sus responsabilidades en torno a cómo resolver el problema energético sin tener que pasar obligatoriamente por la guillotina nuclear.

De paso, excluyamos el riesgo de que el régimen cubano tenga un proyecto militar ligado a la central de Juraguá tanto más que los dispositivos internacionales de control a los que el actual gobierno de Cuba se somete de muy buena gana permiten una vigilancia permanente y eficaz. Esta es una verdad que los servicios espaciales y especiales de la N.S.A y otros bichos admiten invariablemente.

No se trata exclusivamente de exigir y obtener una información digna de crédito de parte del gobierno de Fidel Castro sobre los riesgos reales ligados a la implantación de una central nuclear en Juraguá. ( dichas informaciones siempre serán dadas con tendenciosidad en todos los países del mundo, en Europa ¡ y en Estados Unidos también ! )

El verdadero debate de fondo solamente será posible cuando los ciudadanos cubanos tengan la posibilidad de decidir si el beneficio político y económico que obtendría tal o tal gobierno en la isla de Cuba gracias a la solución del problema energético vale realmente la pena para los que el día de mañana pretendan vivir en esa isla sin tener que asumir las consecuencias económicas y sanitarias de la gestión de los desechos nucleares y de las emanaciones radioactivas al medio ambiente con el consabido impacto ecológico.

A pesar del profesionalismo de los ingenieros cubanos, nunca se puede excluir un problema técnico grave puesto que tanto en Estados Unidos como en casi todos los países que poseen centrales nucleares se han vivido accidentes, en la mayoría de los casos puestos a buen recaudo por los servicios competentes de la desinformación.

Vivimos entonces en una lógica que incluye el interés de los individuos como masa informe y no como ciudadanos dueños de sus respectivos futuros y por esa única razón, urge que los cubanos que tanto en Cuba como en el extranjero tienen la voluntad e intención de proponer otro proyecto de sociedad en dirección de un contexto democrático tengan una reflexión prospectiva sobre las alternativas posibles que, por un lado, alejen de nuestro país el espectro de una catástrofe nuclear y, por el otro, nos eviten una entrada triunfal en el medioevo.

¿ La energía eólica, la solar, la minihidráulica ?.

La búsqueda de fuentes de energías renovables y " limpias " no es solamente un asunto de científicos o responsabilidad de los políticos de hoy y de mañana sino también algo que depende del nivel de implicación de los ciudadanos en la vida pública y en las decisiones a todos los niveles porque después de todo, nadie tiene el derecho de convertir la cuestión vital de la producción energética en un elemento de poder.

* Francia tienen un excedente de producción que le permite exportar a España e Italia parte de su electricidad.