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Cuarenta y cuatro años después de la Revolución,
Los pobres en Cuba son mendigos, los ricos guían autos Mercedes-Benz y el dólar Americano es la moneda oficial .

Por Lawrence Solomon - (Traducción por Alvaro Herrán Lima) Publicado
en ingles en el NATIONAL POST, Toronto, Canadá, 11 de enero de 2003.


"¿Me puede regalar los huesos" pregunta la anciana a mi hija de ocho
años, señalando las sobras de un pernil de pollo que la niña había
consumido al almuerzo. Viendo que mi hija no sabía qué responder, la
anciana le mostró una caja que contenía huesos de pollo que le
habían regalado otros clientes en el comedor de una tienda por
departamentos, un establecimiento respetable que frecuentan los
vecinos de la principal calle comercial del barrio de la Habana
Vieja. Mi hija le obsequió los huesos cuando los meseros del
establecimiento se lo permitieron hacer. Evidentemente la anciana era
una visitante frecuente al restaurante, y esta era la manera como se
ganaba la cena.

¡Bienvenido a Cuba, la otrora mas próspera nación en el Caribe, donde
bajo 44 años de revolución el país se industrializaría, el hambre
sería erradicada y la brecha entre ricos y pobres sería eliminada!
Hoy en día la antes robusta economía cubana yace cubierta de harapos,
y su tan alabada red de seguridad social es un chiste cruel. En
realidad, a los pobres se les desangra a fin de que los ricos y
pudientes bajo el régimen castrista puedan vivir un estilo de vida
agradable. En los garajes de los poderosos del gobierno se ven
estacionados los automóviles Mercedes Benz, mientras que el pueblo
cubano padece de hambre.

Algunos cubanos que trabajan fuera del régimen cubano -mayormente
aquellos que habiendo obtenido prebendas en la industria turística
(donde reciben propinas y pagos de otra índole en dólares americanos)
viven sus vidas algo más confortablemente, aunque no están exentos de
padecer estrecheses. Con los dólares así obtenidos, pueden hacer
compras en los almacenes "dolarizados", en donde se pueden obtener
bienes de consumo, medicinas y productos lácteos (pagando en
dólares). Antes de la Revolución, los cubanos tenían fácil acceso a
estos bienes.

Sin embargo, la gran mayoría del pueblo cubano se las tiene que
arreglar como pueda en un sistema económico despiadado. La mayoría de
ellos se dedican "a los negocios", como dicen los cubanos, con el fin
de sobrevivir, porque a la mayoría de ellos, el salario que ganan
(fijado por el gobierno en unos 50 centavos de dólar por día) no les
alcanza para subsistir. La anciana mendiga del restaurante pedía las
sobras de la comida; hay otros que piden les obsequien ropas usadas,
o se dedican a vender maní en las esquinas. Los jóvenes venden
cigarros y otros bienes en el floreciente "mercado negro"; y las
jóvenes venden sus "encantos" en el pujante comercio sexual.

La vida es triste, si se carece de dólares. Diariamente, la gente
hace interminables "colas" en los centros gubernamentales de
distribución de alimentos. Llevan en mano sus "libretas" -como llama
el gobierno a los carnets de racionamiento- a fin de recoger su
porción mensual. El racionamiento de alimentos fue establecido en
1962 "para garantizar la distribución equitativa de alimentos sin
privilegios para unos pocos". Cada mes, la "libreta" da derecho a
cada cubano a 2.5 kilos de arroz; 1 kg de pescado, medio kg de
fríjoles, 14 huevos y otros artículos de uso diario a precios
subsidiados. Gracias a la "libreta", los cubanos tienen derecho a un
pedazo de pan diario. Cada dos meses los cubanos tienen derecho a una
pastilla de jabón para lavarse las manos y otra pastilla para lavar
la ropa. Raramente se tiene acceso a fruta fresca o verduras; es
posible comer carne sólo una o dos veces por año. Hasta mediados de
la década pasada, los menores de siete años tenían derecho a leche
fresca, pero ahora la leche fresca y otros productos lácteos ya nadie
las puede comprar. Dos litros de leche fresca costaban 15 centavos
antes de la Revolución, un precio que estaba al alcance de los pobres.

Cuba, un país de "cultura cafetalera", produce café suave en la
provincia de Oriente, pero el cubano "raso" no lo puede obtener. El
café suave es vendido al turista o exportado para obtener divisas, o
reservado para consumo privado de la elite cubana, en tanto que el
gobierno importa granos de café de inferior calidad del extranjero,
los muele y los mezcla con otros productos (chicoria) y les da a los
ciudadanos cubanos una ración mensual de 28 gramos (menos de una
onza) de aquello. El gobierno también exporta arroz cubano de alta
calidad a cambio de divisas e importa arroz de baja calidad de
Vietnam para consumo de los cubanos. El gobierno exporta el 90% de su
producción de frutas frescas, y destina el resto para venta a los
turistas extranjeros, que pagan en dólares.

En ningún lugar del mundo tiene "el todopoderoso dólar" el poder de
segregar a los pobres de los ricos, como en la Cuba actual. El
gobierno cubano ha adoptado el dólar americano como su moneda
oficial, que circula junto al devaluado peso cubano y que mantiene al
cubano "en su lugar" en esta sociedad de clases. A las compañías
multinacionales extranjeras que mantienen operaciones en la Isla (que
Cuba ha buscado atraer) se les prohíbe pagar dólares a sus empleados
cubanos. Estas compañías tienen que entregar estos fondos en dólares
a una agencia del gobierno cubano, el cual a su vez "paga" con
devaluados pesos cubanos sus sueldos a los trabajadores cubanos. Los
comunistas cubanos han perfeccionado el invento de un "Sistema
Monetario Dual" (de dos monedas) y también han perfeccionado
el "sistema de la doblez": hay una moneda para los ricos (o sea el
dólar americano) y hay otra moneda para los cubanos (o sea el peso
cubano), y los ricos determinan la tasa de cambio.

Los cubanos padecen de otras estrecheces. Aún en el centro de La
Habana se ve a la gente cargando baldes llenos de agua, que recogen
en hidrantes ubicados en la calle y los suben a sus moradas en los
pisos superiores de los edificios mediante cuerdas y poleas, porque
las cañerías de agua de esos edificios están averiadas y no se
reparan. Los inquilinos "afortunados" (con acceso directo al agua
potable), sólo pueden hacerlo a determinadas horas. En un barrio
densamente poblado que visité, sólo había agua corriente de 7 p.m. a
10 p.m. Durante este intervalo de tiempo las familias se apresuraban
a llenar botellas y otros recipientes con agua potable y se
utilizaban antiguos barriles de gasolina para almacenar agua para el
aseo. Tras el racionamiento del agua comienza el de la electricidad
(también racionada, mediante el sistema de "apagones" diarios).

Hoy viven muchas familias en edificios que antaño albergaban a una o
dos familias. El patio interior de muchas residencias cubanas se ha
convertido en la miniatura de un tugurio de casuchas construidas una
junto a la otra. Una sola casucha -por lo general de una o dos
alcobas con un área de aproximadamente 200 pies cuadrados- puede
albergar una familia de siete, once o aún doce miembros. Las alcobas
por lo general no tienen ventanas, o sólo una ventana, y el techo es
bajo y opresivo. Entre estos edificios repletos de gente se elevan
también otros edificios idénticos en los que funcionan las oficinas
del gobierno. En un espacio en que podrían vivir de 50 a 100 personas
hay un escritorio para uso de un funcionario del gobierno, aburrido y
ocioso en su despacho, en un local casi siempre vacío.

"Por primera vez en la historia de nuestro país, tanto el Estado como
el gobierno ya no están del lado de los ricos, sino que se pasaron al
lado de los pobres" proclamó Fidel Castro al tomar el poder en 1959.
Al cabo de 44 años de vivir bajo el régimen de la revolución
castrista, los pobres hablan de otra revolución: una en la que el
gobierno tendrá mucho que hacer, mucho más por su pueblo, haciendo
mucho menos.
 

Fuente: NetforCuba International