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Castro, el peor de los Huracanes.
Por Esteban Casañas Lostal.

No creo sean muchas las personas que hayan sufrido los embates de un huracán en medio del mar. Tampoco le deseo esa experiencia a nadie, pero en la vida de cualquier marino puede aparecer en una de las hojas de su diario de bitácora. Es una de esas oportunidades de esa ruda vida donde aparece ese miedo inevitable, y donde tiemblan los más valientes. Cualquier nave se comporta como un barquito de papel y las vidas penden de un hilo. Recuerdo a varios de ellos, no por sus nombres porque han pasado muchos años. Hubo uno que se desplazó paralelo a nuestra derrota durante varios días en el océano Pacífico, algo fenomenal. Tenía un diámetro aproximado de cuatrocientas millas náuticas, y los efectos sentidos a unas doscientas de su centro fueron terribles. Las averías resultaron cuantiosas, y eso ocurrió teniendo en cuenta que se toman todas las medidas necesarias para evitarlas. Otro muy importante sucedió cerca del estrecho de Madagascar, curiosamente el único que cruzó en mi vida de marino por el hemisferio sur. Otra experiencia amarga me sucedió a dos o tres días de navegación recalando a Panamá procedente de Japón. En esa oportunidad navegamos entre dos ciclones, solo puedo decirles una cosa, se requiere de mucha pericia para poder escapar de ellos. Como quiera que sea, aquellos momentos vividos en alta mar, son insignificantes comparados con las angustias que se viven en Cuba.

¿Ha pasado algún huracán en la isla? Yo sé que la mayoría de los cubanos en el exilio responderán afirmativamente, pero los extranjeros desconocen todo lo que significa estar allí. Veo por la televisión todas las movilizaciones de personas en la Florida con vistas a tomar medidas preventivas para el caso. Sin embargo, cada vez que esa región del planeta es atacado por uno de esos fenómenos meteorológicos, los daños son cuantiosos y las pérdidas de vidas humanas elevadas. Hay que tener en cuenta varios factores a la hora de hacer una evaluación sobre los acontecimientos. En mi modesta opinión sobresalen dos elementos muy importantes, creo que es indiscutible la mala calidad de las construcciones actuales. Casas de muñecas que se construyen en tres días y se destruyen en pocos minutos de embates por vientos huracanados. Todo eso ocurre ante la mirada burlona de construcciones tan antiguas como El Morro de La Habana, por solo mencionar un ejemplo. El otro factor determinante en esas pérdidas humanas lo es la imprudencia del hombre. Pude ver con asombro a una muchacha joven con su hijita de brazos en una de las playas de la Florida, manifestándole al periodista que se encontraba allí por simple curiosidad, que ella nunca había visto un fenómeno como ese. Bueno, ustedes saben que la orden de evacuación se había impartido con suficiente antelación.

Creo que me he desviado y se hace necesario repetir la misma pregunta, ¿ha pasado algún huracán en la isla? Para los que no han vivido esa aventura, solo les voy a sintetizar lo que se sufre en esos momentos anteriores y posteriores al paso de un huracán. Sí, es muy cierto que con suficiente tiempo se comienzan a impartir órdenes por parte de la Defensa Civil, se realizan traslados de estudiantes a sus hogares y se condicionan muchas de esas escuelas como albergues. Es lógico que solo se puedan albergar aquellos que se encuentren en las áreas de mayor riesgo, porque si fueran a proteger a los que viven en casas en malas condiciones, serían necesarios albergues para unos diez millones de seres humanos, una tarea imposible de lograr.

¿Y los que permanecen en sus hogares? Para ellos la tragedia comienza desde la llegada de las primeras ráfagas de viento. ¿Han visto ustedes esos noticieros de Miami donde la gente se apertrecha de todo?, desde materiales para proteger sus propiedades hasta toneladas de comida. Pues olviden ese panorama en los noticieros cubanos, allí nadie se puede apertrechar de nada, y cuando digo nada, es absolutamente nada. Si para la vida diaria no hay alimentos, ¿cómo pueden creer que existirán para esos eventos?, ¿maderas, clavos, agua, baterías, combustible, etc.? Creo que estamos hablando en serio, en Cuba se espera con lo que tengas a cuesta. En las primeras ráfagas desaparece la luz, se pierde el agua o debes sacarla de la cisterna a cubos, y eso, el que viva en un edificio que la posea. Cuando rompe la tormenta hay que encomendarse a Dios en medio de la penumbra, ¿velas? Veo con horror el noticiero de CNN donde presentan vistas de cubanos saliendo de un mercado con los carritos cargados de botellas de agua Ciego Montero. Para el extranjero esas vistas serán muy normales, para nosotros no. Esas personas acudieron a un mercado donde solo se puede comprar con dólares, ¿tienen esa moneda los cubanos?, por supuesto que no, solo una ínfima parte de su población.

Se fue la luz, hay personas que no tienen nada para alumbrarse e inventan una especie de mechero con un tubo de pasta, ¿pasta?, hasta la confección del mechero se dificulta. Se fue la luz y todos saben que pasarán muchos días sin ella, saben que serán varios los que pasarán sacando el agua con cubos de la cisterna, el que la tenga. Siguen pasando por CNN vistas de los preparativos, unas mujeres pegando papel precinta en los cristales, como si ese simple papel pueda resistir los embates de la furia de esos vientos. ¿Y en los hogares? Allí no existe nada para asegurar, se lucha de frente al mal tiempo tratando de que las ventanas y puertas no se abran, cualquier cosa es de utilidad, hasta el simple palo de escoba. ¿escoba?, ¿clavos? Si fuera necesario crucificar nuevamente a Cristo y eso sucediera en la isla, estoy convencido de que viviría muchos años. Si no falta la madera faltarán los clavos y cuando aparezcan no habrá nada para cavar el hueco donde colocar la cruz, y si existieran todos esos materiales, bueno, se gastarán millones de horas de reunión para discutir si se encontraba en los planes del quinquenio.

Lo peor viene después del paso del huracán, evento que la gente toma con esa tranquilidad pasmosa y no escasa del buen humor criollo. Si en tiempos normales el abastecimiento de alimentos al mercado es sumamente irregular, pues el huracán es una buena razón para justificar las ineficiencias que siempre han existido. Aparecerán en la prensa como dañadas instalaciones, fábricas, plantaciones, medios de comunicación, vías, etc. y etc., que todos sabíamos no funcionaban desde hacía muchos años. Ya todos los cubanos conocen de esos trucos utilizados por el gobierno, así como de las muertes accidentales de millones de cabezas de ganado. Las panaderías no pueden funcionar por falta de fluido eléctrico, se demora más de lo normal el restablecimiento de los servicios de transporte a la población, no se puede adquirir combustible, y la leche, solo garantizada hasta los siete años para los niños no acaba de llegar. Con sus exiguas reservas el cubano trata de soportar esos interminables días de angustias, y debe dar gracias a Dios si el huracán es enviado a principios de mes.

Sigue la CNN trasmitiendo noticias sobre los preparativos en la isla, y como era de esperar, no puede faltar la ridícula caricatura del dueño de la isla. No puede negarse que es muy hábil en las manipulaciones de cualquier evento útil para insistir en sus campañas. Expresa ese senil anciano en una de sus atorrantes mesas redondas, “ no aceptará ayuda de aquellos países que participan en el criminal bloqueo contra Cuba”.

Me viene a la mente un detalle muy importante, Cuba acaba de sufrir un huracán que produjo bastantes daños en la economía (según el gobierno), y lo peor, la pérdida total o parcial de muchos hogares cubanos. ¿Dónde está la ayuda solidaria de nuestros vecinos? No se ha hablado casi nada de donaciones que puedan menguar en algo la triste situación de la población, ¿dónde está esa solidaridad? Me viene a la mente muchos pasajes aplaudidos por simpatizantes del régimen cubano, y de aquellos que confunden el nombre del amo con el de la isla. Por caprichos de la memoria, acuden esos momentos en los cuales su pueblo fuera sometido a sacrificios extremos, solo por satisfacer su ego y apuntalar a otros individuos de su calaña. ¡Claro! Esos gestos eran conocidos como “la solidaridad de Cuba”, pero nunca se contó con la voluntad de su pueblo. Llevó a la isla a unas condiciones de vida similar a la de cualquier obrero con bajo salario, hablo del individuo pendiente de su cobro para poder abastecer los estantes de su cocina. En la isla se vivía pendiente a la arribada de un barco cargado de pollo, ave que se repartía en los buenos tiempos cada nueve días y que representaba el principal renglón de la canasta familiar. Pues ese viejo senil ordenaba desviar a nuestros barcos de su trayectoria, y ese pollo que le correspondía después de nueve días de espera, iba a parar por arte de magia a Nicaragua. Esto es solo por mencionar un ejemplo, porque pudiera hablarse de los barcos que partían semanalmente con alimentos para Angola, los destinados a Etiopía, Mozambique, etc. Durante toda la etapa sandinista, el pueblo continuó sometido a los molestos apagones y nadie sabía que el exceso de combustible, vendido por los rusos a precios más bajos del mercado existente era revendido, y noventa mil toneladas era regalado a esos sandinistas que también acabaron con su país.

¿Dónde está la ayuda solidaria de sus amigos? Al parecer cuenta con pocos y se hacen los de la vista gorda, el pueblo queda abandonado a su merced. No pierde oportunidad el viejo senil para hacer política de un huracán, también es una ocasión magnífica para exponer sus conocimientos de meteorología. Ya se olvidó de las vacas enanas y de Ubre Blanca, trabajar con mapas es más económico. No quisiera estar dentro de la mente de Rubiera cuando este individuo mete la cuchareta en algo totalmente ajeno a su profesión, la de bandido. Reta a huracanes con la pastosidad del que posee incontables refugios, pero no le satisface un fenómeno de esa naturaleza. En medio de enfermedad mental, vuelve a recalcar sobre una invasión que ha sido anunciada desde hace cuarenta y cinco años, es como si soñara diariamente con ella para justificar toda la destrucción del huracán Castro sobre la isla.

Habla de reconstrucción, y me llega una sola pregunta, ¿reconstruir qué?, la destrucción provocada por su régimen tomará el paso de varias generaciones de cubanos. Lamentablemente la isla se les cae en la cabeza a su población, y ésta ve con tristeza como surgen nuevas edificaciones, pero solo dedicadas al turismo vedado para ellos.

La mente es caprichosa y llegan pasajes lejanos de nuestras vidas con la misma velocidad de un rayo. Un nuevo huracán se aproxima a la isla y viene aquel viejo lema nacido cuando el ciclón “Flora”; “A recuperar lo perdido y avanzar mucho más”. Los más viejos la recordarán y comprobarán que solo ha sido un caza bobos, ni se avanzó y no se recuperó absolutamente nada. A partir del Flora comenzaron las dificultades con el café y nunca volvió a la normalidad, la población desconocía que se exportaba.

De muy poco a servido la presencia de la patrona de Cuba, de nada han servido las procesiones y plegarias ofrecidas en todos esos años. Inservible ha sido el ejército de babalaos con sus divisiones de santos. De nada sirvieron tampoco las payasadas de Pastores vendidos, ni las porquerías colectadas que molestaban en los closets de nuestros vecinos, un país entero no puede vivir de la mendicidad.

Duele profundamente la situación que viven nuestros parientes, vecinos, amigos, compañeros de trabajo. Es como si esa isla fuera maldecida y todos la premiaran con la complicidad del silencio. Hoy esperan otro nuevo huracán, será destructivo y aumentará sus calamidades, pero nunca lo será como Castro.


Montreal.. Canadá.
2004-09-11


Fuente: www.camagueyanos.com